Recibir el diagnóstico de una discapacidad auditiva en un hijo suele generar un profundo impacto emocional en los padres. Cada persona reacciona de manera diferente y puede experimentar sentimientos de ira, culpa, ansiedad, angustia y cuestionamientos como: «¿Por qué a mí?». También pueden presentarse llanto, aislamiento y dificultad para aceptar la situación.
Estas reacciones son normales y forman parte del proceso de adaptación. Con el tiempo, generalmente dan paso a la aceptación y a la búsqueda de soluciones que permitan ofrecer al niño la atención, el apoyo y las oportunidades que necesita.
Elisabeth Kübler-Ross describió cinco etapas emocionales que pueden atravesar los padres de un niño con discapacidad. Estas etapas no necesariamente ocurren en un orden fijo; pueden superponerse, repetirse y variar en duración e intensidad según cada familia:
- Negación: Los padres pueden aferrarse a la esperanza de que el diagnóstico sea incorrecto o de que la situación cambie espontáneamente.
- Ira: Pueden sentir enojo consigo mismos, con su pareja, con el personal médico, con la religión o con la vida. Estas reacciones suelen surgir de la impotencia y posteriormente pueden generar sentimientos de culpa o vergüenza.
- Negociación: Aunque todavía no exista una aceptación completa, los padres comienzan a dialogar con los profesionales de la salud y a considerar alternativas para afrontar la situación.
- Depresión: El agotamiento físico y emocional puede provocar tristeza profunda, desesperanza, aislamiento y otros síntomas depresivos.
- Aceptación: Los padres logran aceptar parcial o totalmente la condición del niño y comienzan a enfocarse en su bienestar y en las soluciones disponibles. Sin embargo, algunas de las emociones de las etapas anteriores pueden reaparecer en determinados momentos.
Cada familia vive este proceso a su propio ritmo. Por eso, es fundamental brindar información clara, acompañamiento profesional y apoyo emocional durante todas sus etapas.

